Durante una década, el Apple Watch ha estado definido por su cuadrado de esquinas redondeadas. Esa losa con su corona digital está tan incrustada en el diseño de Apple que es fácil olvidar lo inusual que es. Entre en cualquier joyería y casi todos los relojes serán redondos. La esfera circular es la gramática visual de la relojería, y Apple ha pasado diez años negándose educadamente a hablarla. Si las últimas filtraciones son ciertas, esa negativa puede no durar para siempre.
Las informaciones de 9to5Mac, AppleInsider y MacObserver, publicadas el mismo fin de semana, describen a una empresa que sopesa una gran renovación del Apple Watch que podría incluir pantallas redondas, nuevos tamaños de pantalla e incluso wearables de fitness sin pantalla, para quienes quieren el seguimiento sin ninguna interfaz. Los informes se apresuran a aclarar que nada de esto es inminente. La actualización de 2026 se espera que sea conservadora, un ajuste incremental, no una reinvención. Lo radical sigue "en marcha", lo que puede significar que nunca llega o que aparece de una forma que nadie previó.
Esa distancia entre el futuro cercano y el lejano merece reflexión. Sugiere que Apple no va a abandonar su identidad cuadrada de la noche a la mañana. Un Apple Watch redondo sería una auténtica ruptura, de esas que la empresa solo hace cuando el beneficio supera el riesgo. Y aquí está la ironía: el reloj redondo es el estándar de la industria, pero para Apple sería la jugada audaz, mientras que el cuadrado que vende hoy es el "seguro". La compañía que presume de liderar se ha arrinconado en un punto donde seguir la esfera tradicional parece una apuesta.
Hay lógica de producto real detrás de la especulación. El mayor competidor de Apple en wearables ya no es otro fabricante de smartwatches; son las pulseras y anillos sin pantalla, piensen en Oura o en el anillo del Pixel Watch, que han convertido el seguimiento discreto de la salud en un producto de estilo de vida. Una comparación ayuda a captar la magnitud de la apuesta: abandonar el rectángulo sería más o menos como si un relojero suizo lanzara una esfera digital, no por la tecnología sino porque ha cambiado el gusto. Un wearable sin pantalla sería la respuesta de Apple a toda esa categoría, disputando la salud sin canibalizar su buque insignia.
Pero la esfera redonda conlleva compromisos que ninguna dosis de ingeniería elimina por completo. El texto y las listas se deslizan con menos naturalidad en un círculo que en un rectángulo. Un Apple Watch redondo pediría a los usuarios que adaptaran sus hábitos a una forma peor para la lectura, a cambio de estética. Apple nunca ha mostrado gran apetito por cambiar función por moda, aunque en su día vendió un reloj cuadrado de marca de lujo por cinco cifras. La misma tensión entre forma y función atraviesa la ola de los anillos inteligentes: ganan en discreción exactamente lo que pierden en legibilidad.
Mi lectura es que la esfera redonda tiene más papeletas para llegar como opción junto al cuadrado clásico que como sustituto total. Eso permitiría a Apple cortejar al público preocupado por el estilo sin alienar a la base de diez años que ha construido memoria muscular alrededor del rectángulo. Tras una década insistiendo en que el cuadrado es la respuesta, Apple está al menos dispuesta a preguntarse si un círculo vendería más anillos. Si hasta Apple contempla abandonar su forma insignia, el futuro del smartwatch pertenece a quien sepa empaquetar la salud en la forma que la gente realmente quiera llevar, sea redonda, cuadrada o ninguna.
Fuentes: 9to5Mac, AppleInsider, MacObserver
✓ Fuentes independientes cruzadas y verificadas antes de la publicación