Desde enero de 2023, una ola de demandas colectivas contra los gigantes de la inteligencia artificial viene redibujando el campo de batalla entre creadores humanos y máquinas generativas. Ilustradores, autores, músicos y fotógrafos están recurriendo a los tribunales para defender lo que consideran el uso no autorizado de sus obras en el entrenamiento de modelos como ChatGPT, Midjourney, Stable Diffusion y DALL-E.
La dibujante Sarah Andersen, creadora de la popular tira cómica "Sarah's Scribbles", fue una de las primeras en enfrentarse directamente a las empresas de IA, convirtiéndose en codemandante principal de una acción colectiva contra Stability AI, Midjourney, DeviantArt y Runway AI. Andersen sostiene que sus trabajos fueron extraídos de la web y utilizados para entrenar modelos sin compensación ni consentimiento alguno.
Kirk Wallace Johnson, autor de "El ladrón de plumas" (The Feather Thief), descubrió que sus libros estaban en un conjunto de datos publicados por The Atlantic con obras utilizadas para entrenar sistemas de IA. "Pasé de cinco a seis años investigando, escribiendo e investigando" cada libro, dijo Johnson a The Verge. Describió un cóctel de emociones: "ira por la audacia del robo, preocupación por lo que esto significa para los escritores y una sana sed de venganza contra estas corporaciones masivas que se han vuelto galácticamente ricas" usando su propiedad intelectual.
Johnson contactó proactivamente a Susman Godfrey, el bufete que ya lideraba el caso contra Anthropic en nombre de autores, viendo la demanda como "un dedo medio en nombre de todos los que han intentado crear algo."
Las demandas colectivas no solo apuntan a Stability AI y Midjourney, sino también a OpenAI, Google, Meta y Anthropic. Los resultados hasta ahora han sido mixtos. Algunos artistas han conseguido victorias significativas en los tribunales, mientras que otros han perdido sobre la base del uso justo (fair use), la defensa central de las empresas tecnológicas.
En paralelo, las grandes discográficas están presionando para prohibir globalmente las canciones generadas por IA —apodadas "AI slop"— en las listas musicales, temiendo que el mercado se inunde de pistas sintéticas que devalúen el trabajo de artistas humanos.
Wired informó recientemente sobre un fenómeno curioso: los abuelos están regalando a sus nietos libros infantiles generados por IA, con historias personalizadas basadas en fotos reales de los niños —para consternación de los padres, que consideran los libros mal escritos y "moralmente reprobables" por alimentar las imágenes de los niños en "máquinas de porquería."
El panorama es el de una guerra en múltiples frentes. Mientras los casos avanzan lentamente por los tribunales, el ecosistema creativo se enfrenta a una pregunta existencial: cómo proteger la originalidad humana en una era donde cualquier cosa puede ser replicada en segundos por una máquina que aprendió del trabajo de millones de artistas vivos.
Contexto jurídico más amplio
Esta batalla legal representa solo el comienzo de lo que promete ser un conflicto prolongado entre creadores de contenido y empresas de inteligencia artificial. La cuestión central — si entrenar modelos de IA con obras protegidas por derechos de autor constituye uso justo o infracción — sigue sin resolverse, y diferentes tribunales han llegado a conclusiones distintas. Algunos jueces han desestimado demandas por uso justo, mientras que otros han permitido que las acciones colectivas continúen. Esta inconsistencia genera incertidumbre para ambos bandos y dificulta la planificación estratégica de las empresas.
Lo que está claro es que la ventana para acuerdos voluntarios se está cerrando rápidamente. Las empresas de IA que podrían haber negociado licencias hace años, cuando se presentaron las primeras demandas, ahora se enfrentan a la posibilidad de daños multimillonarios determinados por los tribunales. El resultado de estos casos definirá no solo la economía de los datos de entrenamiento de IA, sino la propia definición de autoría en la era de los modelos generativos — un debate que la sociedad apenas ha comenzado a enfrentar.