En un cambio silencioso pero significativo, OpenAI ha actualizado ChatGPT para rechazar peticiones directas de escritura en el estilo de autores famosos. Si un usuario pide "escribe un cuento de terror al estilo de Stephen King" o "escribe como Amy Tan", el asistente ahora redirige la solicitud hacia características más amplias — sugiriendo explorar "atmósfera" o "ritmo narrativo" en lugar de imitar a un autor específico. Pruebas realizadas por diversos medios muestran que el bloqueo cubre tanto a autores vivos como fallecidos, indicando que el cambio no es solo una respuesta a amenazas legales inmediatas, sino una política preventiva.
La decisión de OpenAI no ocurre en el vacío. En los últimos años, escritores y artistas han demandado a empresas de IA por violación de derechos de autor, argumentando que los modelos fueron entrenados con sus obras sin permiso y que la capacidad de imitar sus estilos constituye competencia desleal. En 2025, el Authors Guild demandó a OpenAI y Meta en una acción colectiva que aún está en los tribunales. Aunque el concepto de "estilo" es difícil de definir legalmente — a diferencia del contenido copiado literalmente, que es más fácil de probar — OpenAI parece estar anticipándose a una decisión desfavorable.
Curiosamente, el cambio no elimina por completo la capacidad de ChatGPT de producir textos que se asemejen al estilo de un autor. Pruebas realizadas por Ars Technica mostraron que los mensajes que describen "una atmósfera oscura de Maine" o "un tono de suspenso psicológico con personajes excéntricos" todavía generan narrativas que recuerdan a Stephen King — siempre que no se mencione el nombre del autor. Del mismo modo, pedir una "voz narrativa que capture una sensación específica de lugar y melancolía" puede producir textos que evocan a otros escritores sin violar explícitamente la nueva política.
Esto crea una situación peculiar: OpenAI está tratando el nombre del autor como una especie de marca registrada, pero no el concepto subyacente de estilo. Es el mismo razonamiento que llevó a Getty Images a demandar a Stability AI por usar sus imágenes en el entrenamiento — la cuestión central es si el entrenamiento con datos protegidos por derechos de autor constituye infracción incluso cuando el resultado no reproduce la entrada literalmente. Para la industria de la IA generativa, las implicaciones son enormes: si los tribunales deciden que imitar el estilo es una infracción de derechos de autor, todo el modelo de negocio de las herramientas de creación de contenido asistido por IA podría necesitar ser repensado. Hasta entonces, OpenAI está construyendo una defensa anticipada — mostrando que toma medidas para prevenir violaciones incluso cuando la ley aún no las ha definido claramente.
Hay también una dimensión práctica importante: el cambio no es absoluto. Los usuarios que escriben mensajes creativos que involucran atmósfera, tono y género — sin mencionar nombres de autores — continúan obteniendo resultados estilísticamente ricos. En la práctica, OpenAI está empujando a los usuarios hacia una forma de interacción más creativa y menos dependiente de referencias directas. Si un escritor aficionado quiere explorar el terror psicológico, ChatGPT todavía puede ayudar — siempre que el usuario describa lo que quiere en sus propios términos, en lugar de pedir una imitación. La ironía es que, al hacer esto, OpenAI puede estar, sin querer, alentando a los usuarios a desarrollar su propia voz narrativa.
Fuentes: Ars Technica, Android Authority, Canaltech