El USB con lector de huellas de Lenovo vendido como cifrado AES-256 era solo una tarjeta SD en un estuche elegante
Una investigación de seguridad ha revelado que el Lenovo ThinkPlus FU100, un pendrive vendido como dispositivo con cifrado de hardware AES-256 para proteger datos sensibles, no contenía nada más que una tarjeta SD estándar sin ningún tipo de cifrado. El lector de huellas dactilares no cifraba nada: simplemente conectaba o desconectaba el puerto USB.
El investigador de seguridad Xusheng Li, de Vector 35, desmontó el dispositivo en 2025 y descubrió que la placa de circuito interna contenía una tarjeta SD estándar, con todos los archivos almacenados en texto plano. El sensor biométrico simplemente cerraba o abría el circuito eléctrico del conector USB. Cualquier persona con acceso físico al dispositivo podía leer sus archivos sin la menor dificultad.
Un patrón de fallos
El FU100 fue el primero de una serie de descubrimientos que Li presentó en la conferencia RE//verse en marzo de 2026. Su ponencia incluía una advertencia directa: "no confíes en los USB cifrados — verifica lo que el fabricante realmente afirma". Lo que Li encontró fue la forma más elemental de seguridad decorativa: el producto cumple la promesa en el papel ("cifrado AES-256") pero no implementa ninguna de las etapas necesarias para hacer realidad esa promesa.
El segundo dispositivo que Li analizó fue el ThinkPlus TSD303, un SSD externo que también contaba con autenticación por huella dactilar. En este caso, los datos estaban genuinamente cifrados, pero la contraseña era enviada por el propio dispositivo en texto plano al software del ordenador, para que el programa pudiera compararla con la que el usuario escribía. Cualquiera capaz de interceptar el tráfico USB o leer la memoria del software podía recuperar la contraseña en claro.
Li reportó el problema a Lenovo en agosto de 2025. Tres meses después, la empresa envió una versión de prueba: el SSD dejó de enviar la contraseña en texto plano y comenzó a transmitir datos cifrados con SM4, un bloque de cifrado similar al AES. Li investigó y descubrió que la clave SM4 se derivaba de un valor que parecía una marca de tiempo —específicamente, 2021012700000000. Cualquiera que ejecutara el programa de verificación podría derivar la misma clave y descifrar los datos. La corrección era incompleta.
Análisis asistido por IA
En octubre de 2026, Li revisó el software del TSD303 con el OpenAI Codex, conectado a su depurador de ingeniería inversa. Una única instrucción bastó: "este es un utilitario de cifrado de archivos; analiza el sistema criptográfico y dime si es seguro". En unos siete minutos, Codex había encontrado la clave fija incrustada en el ejecutable. El programa registraba la contraseña del usuario en sus logs de diagnóstico, verificaba contraseñas con MD5 y cifraba bloques de 16 bytes sin vector de inicialización —lo que significaba que bloques de entrada idénticos producían salidas idénticas.
La investigación de Li cubrió cinco marcas: Lenovo, Netac, KakaSoft, Nexcopy y SecZure. El propio SDK de desarrollo de Lenovo cubrió nueve dispositivos adicionales de múltiples proveedores. La mayoría podía revelar contraseñas a cualquier atacante técnicamente cualificado; dos almacenaban datos sin cifrar en tarjetas microSD.
La ironía es particularmente aguda: la misma tecnología de IA que los fabricantes comercializan como característica de seguridad fue utilizada por Li para demostrar que el cifrado era inexistente. Li usó Codex —la misma tecnología que las compañías venden como parte de su ecosistema de seguridad— para demostrar que el cifrado era ilusorio.
Un problema de dieciséis años
Este no es un problema nuevo. En diciembre de 2009, la empresa de seguridad alemana SySS crackeó un pendrive de SanDisk con certificado FIPS 140-2. Los registros CVE de enero de 2010 describen unidades SanDisk Cruzer Enterprise y tres modelos Kingston DataTraveler con el mismo fallo fundamental: validación de contraseña mediante software en el ordenador en lugar del chip del dispositivo, y claves fijas de 256 bits incrustadas en el firmware. En 2025, 16 años después, los mismos errores se repiten.
La diferencia hoy es que la IA hace que la ingeniería inversa sea accesible para quien pueda escribir un único prompt. Li no necesitó un equipo de investigadores ni meses de ingeniería inversa manual. Una consulta a Codex, conectada a su depurador, fue suficiente para encontrar la clave fija que protegía —o mejor dicho, no protegía— los datos de los clientes.
El cifrado correcto sigue un principio: la clave se deriva de la propia contraseña a través de una función deliberadamente lenta como PBKDF2 o Argon2, de modo que cada intento cueste tiempo. O la verificación ocurre dentro del propio chip del dispositivo, y ni la contraseña ni la clave jamás salen de él. Sin la contraseña, no hay nada que comparar ni ninguna clave que encontrar.
Los dispositivos que Li analizó hacen exactamente lo contrario. Mantienen la contraseña —o algo derivable de ella— fuera del chip seguro. Ponen la clave en un archivo de configuración legible por el programa visor. O, en el caso extremo del FU100, no cifran los datos en absoluto.
Qué hacer
Lenovo publicó la advisory de seguridad LEN-210545 el 13 de enero de 2026, clasificada como gravedad alta, que cubre tres CVEs. Para el FU100, la empresa ofrece actualizaciones gratuitas de firmware: los usuarios deben llamar a la línea de soporte china +86 400-640-1886, Lenovo verifica el número de serie del dispositivo y programa una actualización de firmware o visita a domicilio. La empresa también recomienda hacer una copia de seguridad de los datos antes de enviar el dispositivo para revisión y borrar el contenido —lo que, irónicamente, no resuelve el problema, ya que los datos habían sido accesibles a cualquiera desde el principio.
Para quien busque protección real de datos en dispositivos extraíbles, la recomendación es directa: cifrar los archivos con software donde la clave realmente provenga de la contraseña del usuario. VeraCrypt, BitLocker To Go en Windows Pro, o gpg son opciones sólidas. Un lector de huellas dactilares o una pantalla de contraseña en un USB debe tratarse como control de acceso físico, no como cifrado —a menos que el fabricante demuestre que la clave de cifrado realmente depende de la contraseña.
La pregunta es: si el simple acto de abrir un USB revela que la "seguridad por hardware" era solo marketing, ¿cuántos otros productos que afirman protección criptográfica están almacenando datos en texto plano?
Fuentes: HackingPassion, Tom's Hardware, Meža
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