En su primer balance trimestral desde su oferta pública inicial, SpaceX reveló un dato que resume la transformación de la empresa: sus ingresos de IA alcanzaron los 2.560 millones de dólares en el trimestre, más del doble de los 962 millones generados por el segmento espacial. El negocio de conectividad — el servicio de internet por satélite Starlink — siguió siendo el motor de ingresos, con 4.290 millones, un aumento del 66% interanual. En total, los ingresos de la compañía casi se duplicaron, hasta los 7.800 millones frente a los 4.100 millones del mismo periodo del año anterior.
Las cifras, difundidas por The Verge, TechCrunch, The Guardian y CNN, muestran un giro curioso. SpaceX, durante décadas la cara de la exploración espacial comercial, ahora gana más dinero vendiendo capacidad de cómputo a otras empresas de IA que con sus cohetes. En mayo, la empresa cerró un acuerdo con Anthropic para suministrar cómputo — pagando 1.250 millones de dólares al mes hasta mayo de 2029, según The New York Times — y en junio firmó otro con Google. Al dividir su negocio en tres segmentos (espacio, IA y conectividad), la compañía empezó a competir abiertamente con neoclouds como CoreWeave.
Hay algo casi irónico en esta historia. Una empresa que construyó su reputación poniendo cohetes en órbita descubrió que su activo más valioso puede ser el excedente de capacidad de cómputo de sus centros de datos y la energía que los alimenta. Es como si una aerolínea descubriera que gana más dinero vendiendo asientos a quienes quieren volar en simuladores que transportando pasajeros. El cambio refleja el apetito insaciable de la industria de la IA por chips y energía, que ha convertido a cualquier dueño de un centro de datos en un actor estratégico.
El balance, sin embargo, no llegó sin turbulencias. Las acciones de SpaceX cayeron tras el anuncio, con los inversores preocupados por el gasto: la compañía invirtió 18.300 millones de dólares en el trimestre, más de seis veces la cifra de hace un año, y la mayor parte fue a IA. La empresa sigue sin ser rentable pese al aumento de ingresos, y el fin del periodo de bloqueo (que permite a los internos vender acciones) añadió presión. La promesa de Musk de que la IA será el futuro de la compañía aún debe convertirse en beneficio.
La implicación más amplia es que la línea entre empresas de tecnología, energía y espacio se está desdibujando. SpaceX ya no es solo una empresa de cohetes: es un conglomerado de infraestructura cuya mayor oportunidad de crecimiento depende del mercado de cómputo para IA. La pregunta que queda es si esta apuesta por centros de datos y energía bastará para sostener el crecimiento cuando el auge de la inversión en IA finalmente se desacelere, y si los inversores tendrán paciencia para esperar el beneficio.
Hay también un paralelo histórico que ayuda a entender la apuesta. Durante la burbuja de las puntocom, las empresas de infraestructura crecieron rápidamente con promesas de demanda infinita y luego vieron desplomarse el mercado. SpaceX, sin embargo, tiene una ventaja que aquellas empresas no tenían: los ingresos de Starlink, diversificados y en crecimiento, funcionan como una base estable que financia la expansión hacia la IA. En lugar de depender exclusivamente de un mercado especulativo, la compañía usa un negocio sólido para costear otro en auge. Este modelo de 'diversificación defensiva' reduce el riesgo de que la apuesta por la IA se convierta en un agujero financiero. Aun así, el mercado reaccionó con cautela, y la caída de las acciones señala que los inversores quieren ver no solo ingresos, sino un camino claro hacia el beneficio. La pregunta que queda es si SpaceX podrá convertir la promesa de la IA en márgenes sostenibles antes de que cambie el ánimo del mercado.
Fuentes: The Verge, TechCrunch, The Guardian, CNN, BBC
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