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Waymo recurre a Toyota para fabricar robotaxes autónomos y expandirse a Japón y Reino Unido

Waymo realizó el 30 de octubre un anuncio que, para muchos analistas, marca el momento en que la movilidad autónoma deja de ser un experimento estadounidense y se convierte en un producto global —aunque sea uno cauteloso. La empresa, filial de Alphabet, firmó un acuerdo con Toyota para usar el SUV eléctrico bZ4X como base de sus robotaxis en mercados de conducción por la derecha, comenzando por Japón y, seguidamente, por Reino Unido. La novedad llegó apenas dos días después de que TechCrunch reportara los detalles técnicos del contrato: Toyota fabricará los bZ4X en su planta de Takaoka, en la ciudad de Toyota, prefectura de Aichi, y la instalación del hardware autónomo de Waymo ocurrirá en la misma línea de producción, bajo el mismo techo, eliminando la etapa de retrofit que había sido estándar en los primeros autos de la empresa.

Esto parece sencillo —y es, de hecho, un salto operativo. En Estados Unidos, Waymo construyó su flota a partir de vehículos eléctricos Jaguar I-Pace comprados a terceros y luego adaptados en talleres separados, un proceso que introducía variabilidad en la calidad y encarecía la producción por vehículo. Transferir la integración a la línea de montaje de Toyota significa que los sensores LiDAR, las cámaras y los computadores pueden ser calibrados y verificados como parte del proceso normal de fabricación, reduciendo costos, eliminando variaciones entre autos y permitiendo que la calidad sea verificada en tiempo real, en el mismo flujo de producción.

El contexto es más ambicioso de lo que el anuncio sugiere a primera vista. El 15 de septiembre, Waymo ya había anunciado, en colaboración con la empresa de taxis GO y Nihon Kotsu —que opera en Tokio desde hace casi un siglo—, que pretendía lanzar en 2027 el primer servicio de taxi autónomo completamente sin conductor de Japón. La flota inicial sería pequeña y gradualmente se expandiría a cerca de 100 vehículos en barrios clave de la capital japonesa, accesibles por la aplicación GO y por la propia app de Waymo. Ese anuncio era sobre el "software": el Waymo Driver, la plataforma de conducción autónoma, ya probada durante más de un año en las calles estrechas de Tokio con conductores humanos a bordo para validación. El anuncio del 30 de octubre es sobre el "hardware": cómo fabricar y distribuir los vehículos que ejecutarán ese software a escala.

Dmitri Dolgov, co-CEO de Waymo, dijo a Reuters que "comenzaremos con los mercados de conducción por la derecha, Japón y Reino Unido" y que "la visión y la asociación estratégica es extender eso más allá", sin revelar cronogramas ni números para otros países. El CTO de Toyota, Hiroaki Nakajima, complementó: la empresa también fabrica versiones de conducción por la izquierda, incluido el bZ4X, y quería "obtener experiencia en Japón antes de buscar oportunidades más amplias". Esto indica una estrategia de aprendizaje incremental: validar el paquete completo —vehículo, software, regulación, operaciones— en un mercado que es simultáneamente el hogar de Toyota y uno de los más difíciles del mundo para la conducción autónoma, con calles estrechas, intersecciones densas y una cultura de tránsito que valora la precisión milimétrica.

El mercado japonés es particularmente desafiante. Las calles son estrechas, las intersecciones son frecuentemente sin semáforos, y la regulación es notoriamente rigurosa. Existe también un factor demográfico: Japón enfrenta una crisis de falta de taxistas y repartidores, con una población cada vez más anciana y una fuerza de trabajo en declive. Waymo ya había mencionado en su blog oficial que el servicio complementaría la red de transporte de Tokio y ayudaría a "soportar una población envejecida y abordar futuras escaseces de mano de obra". El anuncio generó reacción inmediata en el mercado: las acciones de GO subieron 9,7% el día de la noticia, y la cotización de la empresa ya estaba valorizada en más de 40% desde su IPO en junio.

Para Waymo, la apuesta es doble. Primero, demostrar que un modelo de fabricación en escala puede funcionar fuera de Estados Unidos —el país donde la empresa realiza más de medio millón de viajes por semana en 15 ciudades, con datos que afirman ser 15 veces más seguro que los conductores humanos. Segundo, crear un blueprint replicable para otros mercados. Reino Unido es el siguiente objetivo natural: la empresa ya está probando Jaguar I-Pace en Londres desde hace meses y pretende lanzar un servicio de robotaxi tan pronto reciba los permisos necesarios. El bZ4X de Toyota encaja perfectamente en las necesidades británicas, pues es un mercado de conducción por la derecha con infraestructura de carreteras relativamente similar a la de Estados Unidos, pero con regulaciones europeas más estrictas sobre seguridad vehicular.

Lo que aún no está claro es la escala real. Toyota declaró que las operaciones iniciales usarán "un pequeño número de vehículos", y Waymo no ha revelado rutas, ciudades asociadas ni una fecha comercial de inicio. Pero hay indicios de mayor ambición. El 19 de octubre, Silicon Report reportó que Waymo planea invertir 5 mil millones de dólares en deuda recién contratada para quintuplicar su flota comercial de 4.000 a 20.000 vehículos para finales de 2027. Si la integración Toyota-Waymo funciona en Japón, ese número podría crecer aún más, con el bZ4X convirtiéndose en la plataforma estándar para robotaxis en mercados de conducción por la derecha alrededor del mundo.

También es notable que la asociación va más allá del transporte por demanda. Las empresas dijeron que continuarán explorando cómo la tecnología autónoma de Waymo podría integrarse en vehículos Toyota de propiedad personal, y Woven by Toyota —la división de movilidad escindida de la división de software de Toyota— explorará iniciativas de seguridad adicionales. Esto significa que el bZ4X podría convertirse en la plataforma vehicular donde el conjunto de sensores autónomos de Waymo no sea solo una característica de taxi, sino una opción de consumo, convirtiendo la pila de conducción autónoma de una tecnología solo para flotas en una personal.

La pregunta que queda es si la combinación de software maduro y la escala de fabricación de Toyota puede finalmente resolver el problema más persistente de los robotaxis —no la conducción autónoma en sí, sino la capacidad de producir y mantener una flota de vehículos idénticos, seguros y confiables a gran escala— y transformar la movilidad autónoma de un producto piloto en un servicio masivo global.

Fuentes: TechCrunch, The Japan Times, Nikkei Asia

✓ Fuentes independientes cruzadas y verificadas antes de la publicación