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El primer vehículo autónomo de Marte ha demostrado ser un éxito rotundo

La primera máquina que se condujo sola en otro mundo contaba con una potencia de cómputo comparable a la de un ordenador de finales de los años noventa, y aun así escribió un nuevo capítulo en la exploración espacial. El róver Perseverance, de la NASA, acaba de demostrar en la práctica lo que sus ingenieros llevaban años prometiendo: cerca del 90 % de la distancia que ha recorrido en la superficie de Marte la cubrió sin la intervención directa de ningún ser humano. En la práctica, es el primer vehículo realmente autónomo en rodar fuera de la Tierra, y el resultado ha dejado atónitos incluso a los escépticos.

La cifra impresiona aún más al mirar la historia. El Sojourner, en 1997, era casi un juguete a control remoto, recibiendo órdenes minuto a minuto. Los gemelos Spirit y Opportunity, que aterrizaron en 2004, se atrevieron un poco más, pero aún dependían de "conductores" humanos en la Tierra para trazar cada tramo del camino. El Curiosity, que tocó tierra en 2012, ya ensayaba movimientos independientes, aunque su procesador era demasiado lento para fiarse de él: apenas el 6,2 % de su trayecto fue autónomo en más de quince años de misión, durante los cuales recorrió 38,6 kilómetros. El Perseverance, en cambio, se condujo solo durante cerca del 90 % de la ruta, y pulverizó el récord de mayor distancia recorrida por un vehículo en otro mundo.

El secreto está en un algoritmo llamado Enhanced Autonomous Navigation, o ENav. A cada paso, la máquina fotografía su entorno, evalúa unas 1.700 rutas posibles dentro de seis metros y elige la más segura, teniendo en cuenta la rugosidad del terreno y el tiempo de viaje. Todo ello corre con una potencia equivalente a la de un iMac G3 de finales de los años noventa, un límite impuesto por el endurecimiento contra la radiación, que favorece chips más simples y ya probados.

El contraste con la Tierra es revelador. Aquí, lo más difícil de los coches autónomos es el propio movimiento: los peatones, los ciclistas y otros vehículos cambian el tablero a cada segundo. En Marte, casi nada se mueve. Las rocas y las dunas permanecen quietas, lo que presta previsibilidad a cada cálculo. El problema es el contrario: el territorio está en gran parte sin cartografiar. "Esta enorme incertidumbre es el mayor desafío", resume Hiro Ono, supervisor del grupo de movilidad robótica del JPL.

Y el futuro promete aún más. En diciembre de 2025, la NASA completó las primeras marchas de un róver planificadas por inteligencia artificial, usando modelos de visión de Anthropic para analizar imágenes orbitales y generar waypoints sin la ayuda de planificadores humanos. En dos días, el Perseverance recorrió 210 y 246 metros guiado por esa IA generativa. Es como enseñar a un coche a leer un mapa de satélite y decidir por su cuenta por dónde pasar.

La implicación es profunda. Si las máquinas consiguen navegar con autonomía en un mundo a unos 225 millones de kilómetros de distancia, la misma lógica se repite en la Luna, en los asteroides y en las futuras misiones tripuladas. La pregunta que queda flotando: si un róver con un chip de los años noventa ya se conduce solo, ¿qué no será posible cuando la IA avanzada tome de verdad el volante del próximo explorador?

Fuentes: Ars Technica, IEEE Spectrum, NASA JPL

✓ Fuentes independientes cruzadas y verificadas antes de la publicación