Samsung Electronics sorprendió al mercado en la presentación de los resultados del segundo trimestre de 2026 al afirmar que la escasez global de memoria no solo continuará, sino que se profundizará en 2027 y persistirá hasta 2028. La declaración, hecha por Kim Jaejune, ejecutivo de ventas y marketing de la división de memoria, durante la conferencia con analistas, puso de relieve una de las dinámicas más importantes — y menos comprendidas — de la actual carrera por la inteligencia artificial.
La noticia llega en un momento en que Samsung acaba de registrar un beneficio operativo récord de 58.500 millones de dólares en el trimestre, impulsado precisamente por la demanda explosiva de chips de memoria para IA. La paradoja es solo aparente: ¿cómo puede una empresa batir récords de beneficios y, al mismo tiempo, advertir que la oferta no sigue el ritmo de la demanda? La respuesta está en la naturaleza de los semiconductores de memoria, un mercado que vive ciclos violentos de expansión y contracción.
La memoria de alta anchura de banda, conocida como HBM, se ha convertido en el insumo más codiciado de la industria tecnológica. Es esencial para los aceleradores de IA fabricados por Nvidia y AMD, que consumen pilas cada vez mayores de estos componentes. El problema es que construir nuevas fábricas de memoria lleva años — el ejecutivo de Samsung citó plazos de más de tres años para nueva capacidad productiva. Esto significa que, aunque las empresas decidieran hoy expandir la producción, la respuesta del lado de la oferta llegaría mucho después de la ventana de máxima demanda.
La consecuencia más visible de este desequilibrio es el precio. Los contratos de DRAM y NAND vienen subiendo de forma constante, y Samsung ha señalado que está negociando acuerdos plurianuales con clientes de IA para asegurar capacidad de suministro. Es el mismo razonamiento que lleva a los hyperscalers como Microsoft, Google y Amazon a reservar suministros con años de antelación, en un giro que convierte la memoria en una especie de commodity estratégica, disputada con la misma intensidad que la energía o el talento técnico.
Hay un detalle poco comentado en esta historia: la escasez no se limita al HBM de última generación. La DRAM convencional, usada en PC, teléfonos inteligentes y servidores tradicionales, también está ajustada. eso Samsung ve un efecto secundario curioso — mientras su división de chips bate récords, su división de móviles enfrenta costos crecientes e incluso pérdidas operativas, ya que DRAM y NAND son insumos para los propios dispositivos de la empresa. En resumen, la abundancia del lado de la IA se convierte en escasez del lado del consumidor.
Para quien sigue el sector, el aviso de Samsung es una señal de que el ciclo actual no es solo otro pico pasajero. La demanda de IA parece estructural, no cíclica, lo que podría mantener los precios elevados por más tiempo del que las empresas desearían. La pregunta abierta es si los fabricantes podrán aumentar la producción con la suficiente rapidez, o si nos dirigimos a una década en la que el cuello de botella de la computación deja de ser el procesador y pasa a ser la memoria que lo alimenta. ¿Cuánto tiempo más tendrá que pagar el consumidor final por esta carrera?
Fuentes: KED Global, Digitimes, Tom's Hardware
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