Samsung ha decidido prohibir en su tienda de aplicaciones para smart TV las apps que comparten la conexión a internet de los usuarios con extraños. La noticia, difundida por TechCrunch esta semana, fue confirmada por la propia compañía en un comunicado enviado por correo: las aplicaciones que comparten la conexión a internet de los usuarios serán prohibidas, y las que ya contienen esta funcionalidad serán retiradas de la plataforma. Samsung también restringe ya el registro de nuevas apps con esta tecnología, mientras identifica y elimina de su tienda las que ya están activas.
El detonante fue una investigación de Mnemonic. Al hacer root al software de un televisor Samsung, el equipo de Sand consiguió acceso profundo al interior y analizó todo el tráfico de red del televisor. El resultado dejó el problema a la vista: aplicaciones aparentemente inocentes, descargadas por miles de usuarios, estaban usando la conexión de ese televisor como puerta de entrada para el tráfico de terceros.
Las cifras ayudan a dimensionar la magnitud. Spur Intelligence analizó 6.038 aplicaciones de smart TV de Samsung y LG y encontró componentes de proxy residencial en cerca del 34% de ellas, más de 2.000 apps. La distribución no es uniforme: el 42,5% de las aplicaciones de LG (webOS) llevaban este tipo de SDK, mientras que el 26,9% de las apps de Samsung (Tizen) contenían el mismo componente. Días antes, LG ya había anunciado que suspendería las aplicaciones que convierten los televisores en nodos de proxy residencial, señal de un problema de toda la industria, no de un único fabricante.
¿Qué es, en realidad, un proxy residencial? Es un servicio que enruta tráfico de terceros a través de direcciones IP de hogares comunes. Para quien lo alquila, ese tráfico es valioso porque difumina la línea entre un usuario real y un bot. Permite saltarse bloqueos geográficos, eludir límites de peticiones, cometer fraude publicitario e incluso ocultar el origen de actividad maliciosa, como el tráfico de botnets. Al prestar su conexión sin saberlo, el dueño del televisor se convierte en un eslabón involuntario de esa cadena, y es su dirección IP, no la del delincuente, la que aparece en los registros.
El problema, sin embargo, no se limita a los televisores de Samsung o LG. Dispositivos igualmente populares como el Fire TV de Amazon y los reproductores Roku ya han estado bajo el mismo tipo de escrutinio. La práctica de incrustar SDK de proxy residencial en apps aparentemente triviales — utilidades, juegos, reproductores multimedia — se ha extendido por toda la industria del streaming porque es barata, fácil de ocultar y difícil de detectar para quien no inspecciona el tráfico como hizo Mnemonic.
Para el usuario, la consecuencia va más allá del consumo de ancho de banda y del riesgo de seguridad. El aparato que descansa en el salón pasa a cargar un comportamiento que nadie aceptaría en un navegador o en un smartphone: entregar tu conexión a desconocidos, en silencio y sin consentimiento. Esto plantea una cuestión más amplia sobre la privacidad en la televisión conectada, un sector históricamente poco regulado, donde las condiciones de uso rara vez se leen.
La reacción de Samsung es bienvenida, pero deja preguntas abiertas. Si la plataforma solo detectó el problema tras hacer ingeniería inversa de un dispositivo, ¿cuántas otras apps seguirán ahí fuera sin ser detectadas? Y, lo más importante: ¿se informará, compensará o al menos notificará a los usuarios afectados de que su conexión estaba siendo usada? La cuestión que queda en el aire es si el mercado de apps de televisión aprenderá a tratar la conexión del usuario como un recurso intocable — o si la vigilancia seguirá dependiendo de investigadores independientes.
Fuentes: TechCrunch, Digital Trends, Businessday NG
✓ Fuentes independientes cruzadas y verificadas antes de la publicación