Las ventas mundiales de smartphones cayeron un 6% interanual en el segundo trimestre de 2026, hasta 272 millones de unidades, según un informe de Omdia divulgado este jueves. La cifra refuerza una tendencia que los analistas ya venían señalando: el mercado móvil, que ya estaba estancado, ahora enfrenta el peso real de la crisis de memoria. El aumento de los precios de DRAM y NAND, impulsado por la demanda voraz de los centros de datos de IA, está encareciendo la fabricación de teléfonos — y el costo se está trasladando al consumidor en un momento de demanda débil.
El efecto es doble y perverso para el sector. un lado, la memoria se ha vuelto tan cara que los fabricantes deben elegir entre absorber el costo y apretar el margen, o trasladarlo y perder ventas. otro, la escasez reduce la capacidad de producir dispositivos en volumen, especialmente los modelos de gama de entrada, que compiten justamente por precio. Algunas proyecciones del sector, como las de IDC, estiman que los envíos globales de 2026 podrían registrar la mayor caída jamás vista — algo en el rango de dos dígitos anuales, impulsada exactamente por la combinación de memoria cara y consumo débil.
La ironía es que el villano de esta historia también es el héroe de otra. La misma escasez de memoria que encarece los teléfonos es la que impulsa los beneficios récord de los fabricantes de semiconductores, como Samsung, que esta semana reportó su mejor trimestre de la historia gracias a los chips de servidor para IA. El dinero que los consumidores dejan de gastar en smartphones se está reasignando, a escala industrial, a los centros de datos que alimentan los modelos generativos. El sector tecnológico está, en cierto sentido, sacando de un bolsillo para poner en otro.
Para el consumidor, el efecto práctico ya se dibuja en los estantes. Los modelos de gama media y de entrada sufren más, porque la memoria representa una parte proporcionalmente mayor del costo total de un dispositivo barato. Algunos fabricantes ya indican que los teléfonos económicos deberán migrar de pantallas LCD a tecnologías más baratas para compensar el aprieto — una señal de cómo la crisis está empujando decisiones de ingeniería. La tendencia también favorece la preferencia por dispositivos usados o por retrasar el cambio, lo que comprime aún más el ciclo de ventas.
La pregunta que queda es cuándo se invierte este ciclo. La demanda de IA por memoria no muestra señales de enfriarse, y la capacidad de producción de DRAM y NAND tarda años en expandirse. Mientras tanto, el mercado de smartphones — que fue el motor de consumo de la industria tecnológica — observa una migración estructural del valor hacia la infraestructura de IA. Quizá la lección sea que, por primera vez, el teléfono ha dejado de ser el centro de gravedad del sector. Y nadie sabe todavía con certeza qué lo reemplazará en ese papel. El tiempo dirá si los fabricantes logran reacomodar su cadena de suministro a tiempo, o si esta crisis termina redefiniendo quién puede competir en el mercado móvil.
Fuentes: Engadget, IDC, Reuters, Counterpoint Research
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