Durante casi una década, ganar dinero en X, la antigua Twitter, fue una promesa permanente: construías audiencia, publicabas bien y esperabas que la compañía acabara pagando a quienes de verdad generan valor. Ese día llegó finalmente en febrero de 2023, poco después de que Elon Musk comprara la empresa, con el Revenue Sharing, un programa vinculado a la suscripción Premium. La idea era sencilla: una parte de los ingresos publicitarios se repartía entre los creadores que generaban interacción. En la práctica, sin embargo, el sistema se convirtió en un premio para quien supiera manejar mejor el algoritmo, no necesariamente para quien producía algo original.
Ahora la compañía ha decidido empezar de cero. En un anuncio del 8 de agosto, X confirmó que jubilará el Revenue Sharing y lo sustituirá por el nuevo Original Content Rewards. Los creadores ya inscritos seguirán cobrando hasta el 7 de septiembre; a partir del 8 de septiembre, todos deberán solicitar el nuevo esquema. Y ahí está el verdadero giro: el foco pasa del alcance bruto a la originalidad. Según la ejecutiva Allegra Jacchia, el programa antiguo “había llegado a un punto en el que sus incentivos estaban desalineados”, con creadores centrados en maximizar los pagos en lugar de aportar contenido realmente nuevo a la plataforma.
Los requisitos de elegibilidad no son para usuarios casuales. Hay que tener al menos 18 años, suscribirse a Premium (o Premium+ o Premium Business), contar con al menos 500 seguidores verificados y acumular 500.000 impresiones en la cronología procedentes de usuarios verificados en 90 días. Y lo más exigente: esas cifras hay que mantenerlas después de la aprobación; si bajan, los pagos se detienen. Qué cuenta como original también se ha endurecido: reportaje propio, fotos y vídeos grabados por ti, memes e ilustraciones de tu autoría. Republicar el contenido de otro perfil con un texto encima, o copiar y pegar desde otra cuenta, ya no produce nada.
Es una corrección de rumbo que la economía de las plataformas conoce bien. Piensa en un mercado que descubre que estaba pagando más a los revendedores que a quienes cultivan los productos: el agricultor pierde el incentivo y los puestos se llenan de intermediarios. X quiere ahora premiar al agricultor, y solo cuando la cosecha sea realmente suya. La tendencia va más allá de una empresa: Snapchat prohibió los vídeos generados por IA en Spotlight la misma semana, y YouTube lleva tiempo recortando pagos por contenido automatizado.
Hay una implicación de negocio que pasa desapercibida. Al limitar las impresiones válidas a los suscriptores verificados, X convierte el pago a creadores en otra razón más para que el público compre Premium. No se trata solo de recompensar a los autores, sino de vender la propia suscripción usando a los creadores como señuelo. La pregunta que queda en el aire: con tantas plataformas peleando por la atención y la IA inundando los feeds de contenido sintético, ¿será que “original” se ha convertido en el nuevo oro de la era digital, o solo en otra etiqueta que los algoritmos aprenderán a manipular?
Fuentes: TechCrunch, The Next Web, Livemint
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