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Mercantilismo Cognitivo: Por Qué el Pánico de la IA Se Parece al Miedo del Capitalismo Primitivo

El paralelo que nadie está contando

Venkatesh Rao, autor del Substack Contraptions, hizo una observación inquietante el 25 de octubre de 2026: el pánico actual en torno a la inteligencia artificial y el desempleo tecnológico recuerda de forma desconcertante la ansiedad que acompañó el nacimiento del capitalismo. No se trata de una analogía poética, sino de un patrón estructural que se repite en la historia económica.

Rao señala que el pensamiento mercantilista, que precedió al capitalismo industrial, se basaba en cuatro creencias entrelazadas. La más importante: la inteligencia (y los recursos) eran inherentemente escasos y necesitaban ser controlados rigurosamente por élites. El resultado del capitalismo fue una sorpresa para todos: en lugar de crear una masa de personas inútiles, creó un mundo en el que mucha más gente podía hacer cosas distintas a la agricultura, mientras disfrutaba de acceso a mucho más alimento y bienes.

El paralelo con nuestro momento actual es impactante. Toda la economía intelectual ha sido organizada en torno a la suposición de que la inteligencia es cara de producir y, por lo tanto, necesita ser meticulosamente racionalizada. Educación, experiencia profesional, consultoría, desarrollo de software: todo moldeado por el alto costo de la producción cognitiva humana.

Pero la IA generativa rompe ese supuesto. Cuando el costo marginal de producir inteligencia se aproxima a cero, todo el sistema económico cognitivo necesita ser reimaginado.

La economía de la inteligencia como revolución del deseo

La historia mercantilista ignoró algo fundamental: el capitalismo no emergió porque la tecnología hizo la producción más barata, sino porque creó una revolución en el deseo. La gente comenzó a querer cosas nuevas. Familias campesinas que antes ahorraban en pan compraron televisores, electrodomésticos, ropa. La demanda se expandió más allá de cualquier previsibilidad mercantilista.

Lo mismo está ocurriendo ahora con la inteligencia. Rao argumenta que el verdadero motor de demanda de la IA no son las grandes empresas, sino los prodsumers: profesionales que usan IA para crear productos que venden. Un diseñador de UI que usa IA para prototipar interfaces que monetiza. Un redactor de contenido que usa IA para producir newsletters pagadas. Un desarrollador que usa IA para construir micro-SaaS.

Estos productores-consumidores son los verdaderos motores del crecimiento de IA, y son precisamente el tipo de persona que los mercantilistas cognitivos considerarían "bocas inútiles" — alguien que debería mantenerse en un empleo convencional para contribuir a la economía.

El costo humano de la ansiedad

Mientras pensadores como Rao trazan paralelos históricos, la realidad en Silicon Valley es más visceral. Según un informe de Bloomberg de junio de 2026, la ansiedad en torno a la IA está provocando agotamiento masivo entre trabajadores de tecnología. Matt Van Horn, emprendedor serial y padre de cuatro hijos, no apaga el portátil desde que empezó a usar Claude Code: ejecuta más de una decena de agentes de IA simultáneamente, y cada diez minutos le preguntan qué hacer a continuación.

La ironía es que la promesa de la IA era liberar a los trabajadores de la labor manual cognitiva. En lugar de eso, los trabajadores de tecnología se encuentran en estado permanente de alerta, gestionando agentes, compitiendo con ellos y temiendo ser reemplazados por ellos. La ansiedad no disminuye con la productividad — simplemente adopta una nueva forma.

La investigadora Virginie Maisonneuve advirtió a Bloomberg que los empleos de nivel entry-level y los cargos de oficina blanca serán los más impactados por la IA. El número de empleadores que esperan que los trabajadores entry-level sean competentes en IA casi se triplicó desde finales de 2025, según la National Association of Colleges and Employers.

¿Ecos del pasado o un nuevo paradigma?

El análisis del VentureBeat sobre IA y empleo muestra que el impacto de la IA en los puestos de trabajo es complejo y multifacético. El argumento del FMI es que la IA seguirá el patrón de las revoluciones tecnológicas anteriores: la tecnología destruye empleos existentes pero crea nuevos. El ejemplo clásico: la industria automotriz creó 6,9 millones de nuevos empleos en EE. UU. entre 1910 y 1950 — 7,5 millones creados, 623.000 destruidos.

Pero hay diferencias cruciales. La IA actúa sobre tareas cognitivas, no manuales. Esto significa que puede externalizar tareas cognitivas potencialmente conduciendo a un desplazamiento más significativo y generalizado que las innovaciones anteriores. El 74% de los profesionales de TI expresaron preocupación de que las herramientas de IA volverán "muchas de sus habilidades diarias obsoletas", según una encuesta de la Pluralsight citada por el VentureBeat.

Casos reales ya demuestran este desplazamiento: la fintech sueca Klarna implementó un asistente de IA que ahora gestiona dos tercios de la carga de servicio al cliente que antes exigía 700 empleados a tiempo completo. La plataforma india de comercio electrónico Dukaan despidió 27 agentes de servicio al cliente y los reemplazó con un bot.

La diferencia fundamental entre ahora y el pasado es la velocidad. La revolución agrícola llevó siglos consolidarse. La revolución industrial tomó generaciones. La revolución de IA está ocurriendo en meses.

La pregunta que queda

Si la historia realmente nos dice algo, no es que el desempleo tecnológico sea inevitablemente catastrófico — ni que la IA será simplemente más de lo mismo. La historia muestra que la escasez de inteligencia, al igual que la escasez de mano de obra y de energía, fue quebrada por revoluciones que nadie previó. La pregunta no es si la IA va a destruir empleos, sino quién podrá participar en la próxima expansión del consumo cognitivo y quién quedará atrás en la transición.

Fuentes: Contraptions - Venkatesh Rao, Bloomberg, VentureBeat

✓ Fuentes independientes cruzadas y verificadas antes de la publicación