DoorDash acaba de dar un salto estratégico en la guerra de la última milla. La compañía obtuvo la certificación Part 135 de la Administración Federal de Aviación (FAA), la autorización regulatoria que permite operar drones como transportista aéreo comercial, y presentó DoorDash Air, una división dedicada a diseñar, construir y operar su propia flota de drones de reparto.
Hasta ahora, DoorDash dependía de socios externos para probar la entrega aérea. El más destacado fue Wing, la subsidiaria de drones de Alphabet (Google), con pilotos en Dallas-Fort Worth, Virginia y Australia. Esos experimentos demostraron que el concepto funciona, pero la empresa decidió que no quiere subcontratar el futuro de su logística.
Con DoorDash Air, la compañía llevará el desarrollo de drones completamente a sus instalaciones internas, DoorDash Labs. Los drones se presentan como "diseñados y fabricados en Estados Unidos" y están diseñados específicamente para el transporte de alimentos. A diferencia de los drones de carga genéricos, estos se optimizan para la integridad de los pedidos: empaques sellados, control de temperatura y rutas de vuelo que priorizan la velocidad sin comprometer la seguridad.
La división aérea no reemplaza a los robots terrestres Dot, esos vehículos autónomos que ya recorren las aceras de ciudades estadounidenses. Al contrario, drones y robots forman un ecosistema complementario. Los Dot cubren distancias cortas en áreas densas y planas, mientras que los drones asumen rutas más largas o zonas donde los obstáculos urbanos dificultan la navegación terrestre. El sistema decidirá automáticamente qué medio de transporte es más eficiente para cada pedido.
En tierra firme, DoorDash está construyendo la infraestructura necesaria para que todo funcione. Plataformas de transferencia en restaurantes asociados permitirán que el personal cargue los pedidos directamente en los drones, sin que intervenga un repartidor humano. Esto reduce drásticamente el costo variable por entrega y acelera el tiempo total del pedido.
Este movimiento pone a DoorDash en rumbo de colisión directa con otros gigantes que también compiten por dominar el espacio aéreo urbano. Amazon ya realiza entregas con drones Prime Air en varias ciudades de Estados Unidos y Reino Unido, mientras que Walmart se ha asociado con Zipline y Flytrex. La ventaja de DoorDash es estructural: no es un minorista general ni un mercado amplio — es una empresa de entrega de comida, y estos drones han sido diseñados desde cero para ese único propósito.
La certificación Part 135 de la FAA es un hito regulatorio importante, pero los desafíos del mundo real persisten. La autonomía de las baterías, las restricciones para volar sobre áreas pobladas y las condiciones climáticas adversas siguen siendo limitaciones concretas. Lo que queda claro, sin embargo, es la intención estratégica de DoorDash: está comprometiendo capital significativo para poseer su infraestructura de entrega autónoma de principio a fin, eliminando la dependencia de socios externos y poniendo la última milla bajo su control directo.
Perspectivas del sector
El movimiento de DoorDash no ocurre en el vacío. El mercado de entregas con drones se está consolidando rápidamente: Alphabet ya opera Wing comercialmente en tres continentes, Zipline expandió su modelo de entregas médicas al comercio minorista, y Amazon Prime Air retomó operaciones tras años de silencio regulatorio. Lo que diferencia a DoorDash es su escala logística: 6 millones de restaurantes asociados y decenas de millones de pedidos mensuales solo en EE. UU. Si la empresa logra integrar drones en esta red, el impacto en el sector de entrega de alimentos será comparable a la introducción del seguimiento en tiempo real.
La pregunta abierta es si el modelo de drones propios será rentable. Construir una flota, infraestructura de tierra y sistemas de navegación desde cero es costoso, y DoorDash aún no ha revelado proyecciones financieras para DoorDash Air. Pero la empresa parece apostar a que el control vertical — del pedido a la entrega aérea — vale la inversión a largo plazo.
Fuentes: The Verge, TechCrunch, Bloomberg