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Zuckerberg crea acciones sin voto para pagar el impuesto multimillonario de California sin perder el control de Meta

Un pacto de ocho años

Mark Zuckerberg informó al consejo de Meta que consideraba vender su casa de Palo Alto y establecer residencia en un estado sin impuesto estatal sobre la renta — como Texas o Florida — en respuesta a la Proposición 40, una medida que los votantes californianos decidirán el 3 de noviembre. Redactada por profesores de derecho tributario de UC Berkeley y patrocinada por el sindicato SEIU United Healthcare Workers West, la propuesta impone un impuesto patrimonial único del 5% sobre los residentes con un patrimonio neto superior a $1.000 millones. Para Zuckerberg, cuyo patrimonio se estima entre $220 y $240.000 millones, la factura tributaria podría superar los $11.000 millones.

En lugar de mudarse, Zuckerberg negoció un acuerdo que lo obliga a permanecer en California — o donde sea que se encuentre la sede principal de Meta — durante ocho años, salvo "circunstancias imprevistas y materiales" que hagan prudente un traslado. A cambio, recibe una nueva clase de acciones sin derecho a voto, denominadas Class C, que podrá vender o transferir para cubrir su posible responsabilidad tributaria.

La estructura de acciones

Meta anunciará en enero de 2027 un dividendo de acciones one-for-one: cada accionista recibirá una acción Class C por cada acción Class A o Class B que posea. El resultado práctico se asemeja a un split 2:1, pero con una distinción crucial: la mitad de las nuevas acciones no conllevan derecho a voto.

Zuckerberg controla aproximadamente el 60,6% del poder de voto de Meta a través de sus acciones Class B super-votantes (cada una con 10 votos). Económicamente, sin embargo, posee solo alrededor del 13% del valor de la empresa. Si se viera obligado a vender acciones Class B para pagar el impuesto, su participación en votos caería a aproximadamente el 53% — aún mayoritaria, pero significativamente reducida.

Bajo el nuevo esquema, Zuckerberg podrá vender o transferir inmediatamente hasta el 20% de las acciones Class C que reciba — lo que equivale al 10% de su participación económica total — para "cualquier motivo, incluido pagar su posible responsabilidad tributaria bajo la Proposición 40 de California", sin afectar su control votante.

El otro 80% de las acciones Class C se liberan gradualmente, un 2,5% cada trimestre durante ocho años, y solo mientras permanezca en un cargo de liderazgo a tiempo completo en la empresa.

Por qué importa

La maniobra plantea preguntas que van mucho más allá de un solo multimillonario y un solo estado. En primer lugar, la Proposición 40 representa una innovación sin precedentes en la tributación estadounidense: un impuesto patrimonial a nivel estatal, no federal. Si se aprueba, crea un precedente que otros estados podrían replicar. Washington ya debate medidas similares, y discusiones en Nueva York y Nueva Jersey no se descartan. Si múltiples estados imponen sus propios impuestos multimillonarios, el efecto combinado podría ser aún más gravoso.

En segundo lugar, el acuerdo revela cómo el poder de voto concentrado en una sola persona permite maniobras imposibles bajo estructuras de gobernanza tradicionales. Meta podría simplemente haber diluido el control de Zuckerberg vendiendo acciones Class B — pero eso socavaría lo que la empresa considera su mayor activo: la capacidad del fundador de mantener una visión a largo plazo en inteligencia artificial. Según el comité especial, sería "crucial" que permaneciera "en coordinación cercana" con la gerencia y "en proximidad directa" con el Meta Superintelligence Labs.

En tercer lugar, el acuerdo demuestra un modelo que otros multimillonarios podrían replicar. El cofundador de Google, Sergey Brin, gastó cientos de millones de dólares en una campaña agresiva contra la Proposición 40 y ya se había mudado a otro estado. El cofundador de PayPal, Peter Thiel, opositor declarado del impuesto, también reside fuera de California. Pero Zuckerberg es el primero en negociar una solución estructural con su consejo — transformando el propio instrumento que usó para afianzar su control durante décadas en una válvula de escape tributaria.

Mientras tanto, el impuesto en sí mismo contiene una ironía: el 90% de los ingresos se destinaría a programas de salud, con el 10% restante para educación y asistencia alimentaria. El dinero que se recaudaría de Zuckerberg — un CEO que gana $1 por año desde 2013 — financiaría los servicios públicos que sostienen el ecosistema tecnológico que él construyó.

Queda por preguntarse si la Proposición 40, aprobada o rechazada, ya no cumplió su verdadero propósito al forzar una reevaluación fundamental de cómo se tributa la riqueza extrema — y el poder político que ella compra — en los Estados Unidos.

Fuentes: Los Angeles Times, Fortune, TechCrunch

✓ Fuentes independientes cruzadas y verificadas antes de la publicación