El telescopio espacial Hubble lleva 36 años orbitando la Tierra, perdiendo altitud lentamente. Sin un sistema de propulsión a bordo para mantener su órbita, el observatorio de 11 toneladas desciende aproximadamente 8 metros por día debido al arrastre atmosférico. El análisis de la NASA prevé una reentrada en la atmósfera terrestre entre 2033 y 2034, un evento que marcaría el final de una de las épocas más productivas de la astronomía moderna.
El jueves pasado, 29 de octubre, la agencia espacial emitió una Solicitud de Información (RFI, por sus siglas en inglés) dirigida a empresas comerciales del sector aeroespacial, buscando propuestas para tres escenarios: elevar el telescopio a una órbita más alta, realizar una misión de mantenimiento que mejorara sus capacidades científicas, o guiar una reentrada controlada para su disposición segura.
Tres caminos posibles
El documento de la RFI describe tres enfoques distintos. El primero sería capturar el Hubble en su órbita actual de baja (aproximadamente 470 km) y elevarlo a por lo menos 600 km, lo que podría extender su vida operativa otros 25 años o más, según análisis reportados por Ars Technica. Esa altitud se alcanzó por última vez en 2002, cuando el transbordador Columbia realizó una misión de mantenimiento y aumento de órbita.
La segunda opción implica una misión de servicio propiamente dicha, con mejoras en los instrumentos para mantener al Hubble en la vanguardia de la observación científica. La tercera alternativa sería capturar el telescopio y guiarlo hacia una reentrada controlada, asegurando que los restos no representen riesgo para las áreas pobladas en la superficie.
El plazo para las respuestas es el 30 de noviembre, a las 15:00 (hora del Este de EE. UU.). Pero los interesados deben saber que se trata de una fase de investigación de mercado, no de una licitación formal: la NASA no ha asignado presupuesto alguno ni se ha comprometido a otorgar cualquier contrato.
La voz de Isaacman
Jared Isaacman, actual administrador de la NASA, marcó el tono de la comunicación: "El Hubble aún tiene ciencia importante por delante, y debemos buscar todas las oportunidades razonables para mantenerlo operando durante el mayor tiempo posible. Si existen formas innovadoras y de costo efectivo para extender la vida de un activo ya en órbita, se lo debemos al contribuyente estadounidense y a la comunidad científica de explorarlas".
Isaacman tiene una historia personal con el Hubble. En 2022, cuando aún era un empresario privado y astronauta comercial, propuso financiar individualmente una misión tripulada al telescopio usando una nave SpaceX Dragon. Su plan incluía elevar la órbita en al menos 50 km e instalar nuevos giroscopios con un módulo de servicio robótico. La propuesta llamó la atención de los medios, pero la NASA ya había recibido ocho respuestas de empresas para una RFI similar ese año.
En 2024, la agencia decidió no continuar con el reimpulso, citando restricciones presupuestarias y la priorización de misiones futuras. Ahora, con la presión del decaimiento orbital acercándose, la pregunta ha vuelto a la mesa.
El fantasma del Swift
Para entender las apuestas, basta con mirar el caso del observatorio Swift. En 2024, la NASA contrató a la startup Katalyst Space Technologies por 30 millones de dólares y nueve meses para capturar el Swift y elevarlo a una órbita más segura. El resultado fue un fracaso: el brazo robótico de la nave no logró alcanzar el telescopio antes de que la órbita se volviera irreversible.
El Swift terminó su misión científica el 20 de octubre y, según la Fuerza Aérea de EE. UU., debería reingresar a la atmósfera en cuestión de días. La mayoría de los componentes se incinerarán, aunque piezas densas de tungsteno y fragmentos del espejo podrían sobrevivir y alcanzar el suelo — un recordatorio de lo que ocurre cuando ninguna empresa acepta el desafío.
El Hubble, aunque es un objetivo mucho más grande y complejo que el Swift, ofrece una oportunidad diferente. Con 36 años de descubrimientos, ha revolucionado nuestra comprensión del universo: desde la expansión acelerada del cosmos hasta la detección de los primeros exoplanetas. Su sucesor, el Habitable Worlds Observatory, está programado para la década de 2040. Hasta entonces, sin el Hubble, no habrá ningún observatorio equivalente en el rango de longitudes de onda visibles y ultravioleta.
La pregunta que queda: ¿está la industria espacial comercial lo suficientemente madura para asumir un proyecto que, durante décadas, fue dominio exclusivo de los transbordadores tripulados? La respuesta a la RFI de la NASA no es un contrato — es una prueba de mercado. Lo que revele en los próximos meses puede definir si el Hubble aún tiene un futuro o si su última misión será ser recordado como el ícono que la industria espacial comercial no pudo salvar.
Fuentes: NASA Science, Beyond Tomorrow, The Next Web
✓ Fuentes independientes cruzadas y verificadas antes de la publicación